El vaciado voluntario de la vejiga se consigue mediante una orden transmitida a la vejiga por los nervios esplácnicos. Los nervios esplácnicos son bilaterales, pero su participación (dominancia) puede estar desequilibrada. Pueden verse afectados tanto por el nódulo de endometriosis (infiltración, compresión, irritación, en cuyo caso los síntomas preceden a la intervención quirúrgica) como por el procedimiento quirúrgico. Durante la intervención quirúrgica, los nervios esplácnicos, que son muy frágiles, pueden extirparse en bloque con el nódulo o seccionarse.
Incluso cuando se conservan, los nervios esplácnicos pueden verse afectados por el calor liberado por las energías utilizadas para coagular los vasos, o estirados durante la disección, lo que puede provocar neuropraxia. El término neuropraxia se utiliza para describir una lesión nerviosa moderada que provoca un deterioro temporal de la función nerviosa y corresponde a una pérdida temporal de la vaina de mielina del nervio, sin daño axonal asociado. Esta desmielinización provoca una disminución de la velocidad de conducción del impulso eléctrico dentro del nervio y, en consecuencia, una alteración de la transmisión de la información a través del nervio.
El pronóstico de estos trastornos es favorable, con una recuperación completa normalmente en unas semanas o meses, debido a la reformación de la vaina de mielina. El resultado clínico es la dificultad para vaciar la vejiga, que retiene una cantidad variable de orina en todo momento. Si el volumen de orina que queda en la vejiga al final de una micción (residuo postmiccional o RPM) supera los 100 ml, los pacientes deben utilizar pequeñas sondas vesicales para vaciar la vejiga varias veces al día (normalmente 5 ó 6 veces), a horas fijas y después de intentar una micción voluntaria. La función vesical mejora progresivamente a lo largo de las 4-6 semanas posteriores a la intervención, y el autosondaje puede interrumpirse cuando la PMR desciende sistemáticamente por debajo de 100ml.
Cuando el autosondaje está indicado, se aprende antes de abandonar la clínica. Se pide a los pacientes que registren regularmente los volúmenes evacuados por sondaje (calendario miccional) y que los comuniquen al cirujano.
La incidencia de atonía vesical que requiere un autosondaje sistemático es de alrededor del 25% en el momento del alta de la clínica, y disminuye a alrededor del 5% un año después de la cirugía. La recuperación de la función vesical se explica por la regresión de la neuropraxia, el edema y la inflamación local debidos a la cirugía.